
Vivimos en un mundo que está
obsesionado con el libre albedrío. En total desprecio por la evidencia que
apoya la idea de que el libre albedrío no existe, incluso muchos filósofos
deciden aferrarse a la esperanza de que somos los dueños de nuestro propio destino,
capaces de elegir entre una gran cantidad de opciones, que parece crecer y
crecer más cada momento. Teniendo esto en la mente, es irónico que los
sociólogos, politólogos y críticos culturales...